La primera impresión…

El primer contacto lo determina todo. De ahí las ideas comienzan a formarse, se hacen tangibles.

Hoy, tu nos estas conociendo. Si llegaste hasta esta punto, es porque te interesamos. Tal vez, nuestra forma de ser llamo tu atención. Debes saber algo; somos justo como nos ves y, lo más importante, también nos interesas.

La verdad, siempre supimos que este podría ser nuestro primer contacto. Por eso tratamos de enamorarte, seducirte, coquetearte…, queríamos provocarte a buscar llegar a nosotros, a llegar a las mesas de Lorea.
Por eso decidimos que era importante que supieras todo lo necesario. Por eso armamos cada detalle de nuestra página web.

La tarea no fue fácil, no porque no tuviéramos claro quiénes somos, sino porque no encontrábamos la manera correcta de trasmitirlo.

Entonces, comenzamos a definir lo que somos. Fraccionamos la idea en pedacitos, nos hicimos todas las preguntas que podías hacernos y comenzamos a escribir. Así, comenzó a tener vida nuestra web.

Muchas veces no nos gustó como nos veíamos, pero con ayuda de Cecilia Guillen y Karla Farrugia cambiábamos los conceptos que no nos definían, pusimos imágenes y frases distintas a las sugeridas, dimos movimiento donde no existía y creamos nuestra propia forma de mostrarnos al mundo. También, nos centramos en una sola cosa: que supieras quiénes somos, qué hacemos, cómo nos expresamos…; todo para después, dejarte decidir si nos quieres conocer.

¿Quiénes son?
Cecilia Guillen y Karla Farrugia son encargadas de definir digitalmente a empresas y restaurantes a través de Beetrendy.

Donde habitan los sueños.

La vida está llena de sucesos encontrados. De casualidades. Nosotros esperábamos la nuestra. Nuestra casualidad más grande.

La primera vez que vimos la casa, no fuimos conscientes de cuántas veces habíamos pasado frente a ella, sin embargo, nos enamoró.

Desde la fachada nos sedujo, nos invitó a pasar, nos incitó a recorrer todos sus rincones, nos lleno de sorpresas, pero sobretodo, nos hizo volver a soñar.

Pasamos junto a ella en distintos momentos (caminando, en el auto, sin quererlo,…), pero nunca la habíamos visto. Tal vez, no era el momento. Tal vez, teníamos que llegar a ella…, por casualidad.

Fue en el segundo encuentro cuando supimos que siempre había estado ahí. Cuando recordamos que conocíamos esa calle y todo nos era familiar. En ese momento, supimos que la casa del 141 de Sinaloa sería donde nuestra historia tomaría forma.

Reaparecieron uno por uno los bocetos de nuestro hogar. Volvimos a visualizar la posibilidad de un espacio amplio y lleno de luz. De un lugar que incitara a convivir y siempre estuviera en movimiento. En constante cambio. Esa imagen de un rincón que invita a soñar, crear e imaginar. Un lugar donde las cosas imposibles, sencillamente se lograran.

No fue fácil. Pero nada de lo que vale la pena lo es. Para llegar, pasamos por muchos locales equivocados, por propuestas alejadas a nuestras ideas. Para llegar, fue necesario más que sólo soñar.

Así comenzó a forjarse Lorea. En una espacio que lo fue todo para un pintor: su fuente de inspiración, su estudio, su mundo. Un lugar que fue el hogar de Jorge Alzaga, su familia y amigos.

Un lugar dónde los vecinos de la colonia recuerdan ocurrían reuniones divertidas, momentos especiales y recuerdos inigualables. Un lugar que, con el paso del tiempo, tiene su propia alma, su esencia, su historia.

Hoy, después de un año, sabemos que esa vieja construcción de la colonia Roma, donde la gente siempre ha vivido experiencias inigualables, es donde hoy habitan nuestros sueños y comienza nuestra historia.

El alma de la casa: la cocina

Sabíamos lo qué queríamos. No, nuca fue un capricho, fue una idea. La idea de lograr tener una cocina con un diseño lindo y funcional. Una cocina que no existía en México…, hasta ahora.

Partimos de tres premisas: la ergonomía como eje fundamental, la belleza como una obligación para una cocina abierta, y el diseño como una sinergia entre Dekton y Lorea.

Así surgió el espacio donde creamos los platos que disfrutas. Así logramos aprovechar cualquier hueco y poder tener más herramientas para sorprenderte.

En nuestra cocina hay cosas que no imaginas: estanterías escondidas, refrigeradores ocultos debajo de las mesas de trabajo, cajones con temperatura controlada para guardar los platos, agua cerca de la zona de producción…, módulos que se adaptan a nuestra forma de cocinar y de pensar.

Luego, el color. Es blanco. Sólo así lograríamos reflejar cómo somos al cocinar. Para ello, la porcelana de Consentino era perfecta. Es más que una base. Es una superficies donde podemos experimentar cualquier técnica culinaria. Además son asépticas e imposibles de maltratar.

Nada de eso fue un capricho. . Lo que es un capricho: es la belleza y el diseño. Para nosotros la cocina va más haya de cosas funcionales, para nosotros la estética siempre está ligada a la forma de entender la vida. Para nosotros era indispensable que la cocina se notara.

La ilusión que generan las placas nos encanta. Es como ver una sola pieza larga y blanca que termina por unir con la pared. Eso es armonía y sutileza. Eso es el reflejo de todo lo que encontrarás en Lorea. Al final, es el alma de la casa.